Archivos de Medicina Familiar y General • Vol. 23, N 1 • Marzo 2026 Reflexión
La experiencia que da origen a este artículo se
desarrolló en el marco de un Congreso de
Medicina Familiar y General que reconoció
explícitamente el ejercicio político como una
praxis natural de la especialidad. En un
contexto sanitario atravesado por tensiones
estructurales, restricciones presupuestarias y
disputas de sentido sobre el rol del Estado y de
los equipos de salud, este posicionamiento no
resulta menor. Por el contrario, habilita a
pensar la gestión no como una tarea neutral,
sino como un espacio legítimo de intervención
profesional y colectiva.
El objetivo de este trabajo es compartir una
experiencia de reflexión colectiva sobre la
gestión en APS, recuperando los ejes
conceptuales trabajados en un taller
participativo y poniendo en valor el acto de
animarse a asumir roles de gestión como un
gesto político-profesional propio de la Medicina
Familiar.
Gestionar en APS: una práctica política situada
Gestionar implica llevar adelante acciones
orientadas a producir resultados, organizar
procesos y tomar decisiones en contextos
concretos. En el campo de la salud, y
particularmente en la Atención Primaria, la
gestión se encuentra atravesada por valores,
relaciones de poder y disputas sobre
prioridades sanitarias. Comprometerse con la
gestión en APS es, sin duda, involucrarse con la
historia de nuestra salud pública .
(2)
La APS, desde su formulación en la Declaración
de Alma Ata, plantea la necesidad de sistemas
de salud centrados en las personas, integrales y
territorialmente anclados, donde la
organización de los servicios y la toma de
decisiones respondan a las necesidades de las
comunidades .
(3)
Toda decisión de gestión en APS tiene
consecuencias sobre el acceso, la continuidad,
la integralidad y la calidad de la atención.
Decidir qué se mide, qué se prioriza, cómo se
distribuyen los recursos o de qué modo se
organizan los equipos no es un acto meramente
técnico, sino profundamente político. Priorizar
a las personas y no priorizar a los servicios es
una pulseada en la que medicina familiar ya
tiene una posición tomada. En este sentido, la
gestión en APS puede entenderse como una
práctica política situada, anclada en territorios
específicos y en poblaciones concretas.
La Medicina Familiar aporta a esta mirada una
perspectiva integral, centrada en las personas,
las familias y las comunidades. Desde esta
lógica, la gestión no se limita a optimizar
recursos, sino que se orienta a sostener
sistemas de salud más humanos, equitativos y
sensibles a las necesidades locales. La gestión
en salud requiere reconocer las particularidades
sociales, culturales y epidemiológicas de cada
territorio, promoviendo la articulación entre los
equipos de salud, las instituciones y la
comunidad para garantizar respuestas
integrales a las necesidades de la población .
(4)
El congreso como espacio político-pedagógico
Los congresos de Medicina Familiar y General
constituyen espacios privilegiados para el
encuentro, el intercambio y la construcción
colectiva de saberes. Más allá de la
actualización científica, estos ámbitos permiten
poner en diálogo experiencias, trayectorias y
posicionamientos políticos en torno al sistema
de salud. (En esta avanzada individualista de la
que alertan algunos pensadores, estas
cualidades podrían extenderse a cualquier
espacio de encuentro entre trabajadoras y
trabajadores de la salud). Pueden permitir,
tomando la expresión de una autora, apostar a
un proyecto histórico de los vínculos para
reconstruir comunidad .
(5)
El taller que dio origen a esta reflexión se
desarrolló en un congreso que valoró
explícitamente la participación, la organización
colectiva y el compromiso político de los
médicos y médicas de familia. Este marco
resultó fundamental para habilitar una reflexión
abierta sobre la gestión, sin despolitizarla ni
reducirla a un conjunto de herramientas
técnicas.
Entender el congreso como un espacio político-
pedagógico permite reconocer que las prácticas
formativas también producen subjetividad. En
este caso, el contexto habilitó a pensar la
gestión como una responsabilidad profesional
legítima y como un campo de intervención
coherente con los valores históricos de la
Atención Primaria.
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